"Conozco múltiples formas de mostrar que estoy contento, pero ninguna de ellas es la sonrisa"

“El hombre que nunca ríe”
Capaz de mantener el rostro imperturbable, ya sea huyendo de una turba de mujeres enloquecidas, en medio de un río turbulento, o colgado de un tronco al borde de una catarata; Buster Keaton, “el rey sin corona de la comedia americana”, es considerado por la crítica como el gran genio del slapstick, junto a Chaplin y Harold Lloyd. Algo que el mismo se ocupó en su día de desmentir: ¿Cómo se puede ser un genio con un sombrero plano y unos enormes zapatos?”.
En sus películas, seres solitarios e inocentes, se enfrentarán estoicamente a las situaciones más absurdas: al acoso de una vaca, a la persecución de mujeres ansiosas por desposarse con él, o a los ataques de los enemigos de la Unión en su cruzada para recuperar su querida locomotora, y cómo no, a su amada Anabelle. Y siempre con la misma expresión, ese rictus inexpresivo que se convirtió en un arquetipo americano a la altura del rostro de Abraham Lincoln.
Una infancia de circo

Hijo mayor de una pareja de cómicos ambulantes, participó, desde los tres años en un número de vodevil, “Los Tres Keaton”, en el que fue adquiriendo sus habilidades como acróbata y cómico. Es también muy probable que desarrollase durante esos años su carácter imperturbable, a base de soportar estoicamente las palizas que le propinaba su padre durante la función.
El gran escapista Harry Houdini, que acompañaba como mago a la troupe en la gira, tras presenciar una aparatosa caída del muchacho por unas escaleras, de la que consiguió milagrosamente salir ileso, le apodó “Buster” (destructor), apelativo con el que pasaría a la historia.

La edad de oro
Fatty Arbuckle, quien le propuso unirse a su grupo de comediantes.

Los años 20, fueron sin duda su etapa dorada. A través de The Keaton Studio, el actor tuvo completo control técnico y artístico de sus producciones. “El Navegante”, “El moderno Sherlock Holmes” consiguieron buenas recaudaciones de taquilla, lo que permitió al cómico financiar la que sería su obra cumbre: “El maquinista de la General”. Pero la película fue un auténtico fracaso.

Malos tiempos
La mala acogida de sus películas obligó a Schenck, productor de Buster, a cerrar el estudio y a vender a Keaton a la MGM. Su libertad chocó de lleno con las duras reglas de la productora, que no estaba dispuesta a correr ningún riesgo financiero. "Estaban escogiendo historias y material sin consultarme y yo no podía protestar. Ellos decían: 'Esto es divertido' y yo decía: 'Apesta'. Pero no importaba, de todos modos lo hacían". Convertido en un bufón de la Metro, el mundo de Buster comenzó a desmoronarse.
Aunque sus películas tuvieron cierto éxito, tras unos años, la MGM lo despidió. A partir de allí todo fue cuesta abajo:a la muerte de Fatty Arbuckle, su mejor amigo, siguió su divorcio, y una declaración forzosa de bancarrota, que lo arrastró definitivamente al alcoholismo.

De cómico a figura de cera

En los años 50, Keaton fue redescubierto por la crítica y el público estadounidense. Billy Wilder lo rescató y le ofreció el papel de "figura de cera" con quien juega al bridge una olvidada estrella del cine mudo, Gloria Swanson, en "El crepúsculo de los dioses".

Charles Chaplin también se acordó de él en esos últimos años, y puede que por lavar su conciencia, lo incluyó en el plantel de "Candilejas".
En sus últimos años, participó en algunas películas, como "El mundo está loco, loco, loco", y en series de televisión.
Murió en 1966. En sus memorias hizo un breve balance de su vida: "Pienso que he tenido la más feliz y afortunada de las vidas. Quizás se deba a que nunca esperé tanto como lo que conseguí...y cuando los tropiezos llegaron, sentí que no eran sorpresa. Siempre he sabido que la vida era así, llena de golpes, tanto para los que se los merecen como para los que no".