Cuesta imaginarse a la Divina sueca en sus inicios,cuando todavía era Greta Lovisa Gustafsson y trabajaba como enjabonadora en una pequeña barbería, o como dependienta de unos grandes almacenes en Estocolmo.
Quizás los clientes, al sentir el frío tacto de la navaja, reconociesen tras su disfraz de peluquera, a la astuta Mata-Hari; o presintieran en su aire distante a la mismísima reina Cristina de Suecia.
Pero fue Mauritz Stiller el primero en intuir tras su voz ronca y el gris unifome de dependienta la triste figura de Ana Karenina.

Gracias a él podemos celebrar hoy los cien años de Anne Christie, Margarite Gautier, la bailarina suicida de Gran Hotel y, sobre todo, de Ninotchka.
Lo dicho, hoy Greta cumple cien años.