ROSAS ROJAS (IMAGINE YOU & ME)

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, y pese a no suscribir el dicho -solo hay que pensar en El Imperio contrataca, la segunda parte de El Padrino o Indiana Jones y el Templo Maldito-, hay que reconocer que en el caso de la Ealing, productora británica a la que debemos títulos como El quinteto de la muerte, Oro en barras o El hombre del traje blanco, se ajusta a la perfección. En su esperado regreso, tras 40 años de inactividad, ha dejado atrás el espíritu lúdico, la gracia aguda y el gusto por el absurdo, y en su lugar han tomado por bandera una subversión amable o el revisionismo fácil de obras literarias en títulos como La importancia de llamarse Ernesto.

En el caso de Rosas rojas -me quedo con el título original: Imagine me & you -, el espíritu de la mítica productora tan solo se reconoce en un personaje secundario, el del amargado y entrañable padre de la novia, en cuyos diálogos brilla de tanto en tanto la gracia ácida que años atrás fue su sello distintivo. Por lo demás, la película pasaría por una comedia romántica más, anodina e insulsa, apoyada en unos personajes incapaces de sacar a flote una trama convencional, con la salvedad de presentar de forma natural la historia de amor entre dos mujeres.

Único mérito, si es que podemos llamarlo así, de una comedia que plantea la eterna y ya cansina cuestión de si existe el amor primera vista, presentándolo como una fuerza imbatible a la que solo puede hacerse frente cediendo, como se encargan en recalcar en reiterados diálogos (no vayamos a perdernos). En cuanto a Piper Perabo, la antigua camarera del Bar Coyote no acaba de amoldarse a su nueva condición de recién casada enamorada de la decoradora floral de su boda, y pasea su mirada perdida e inexpresiva por los superficiales recovecos del filme.
El resto de los personajes, encorsetados en estereotipos que van desde el novio perfecto, pasando por su mejor amigo, un crápula con corazón de oro, la madre sarcástica y mandona o la hermana redicha, recitan sin gracia diálogos demasiado manidos.

Pese a todo, una comedia amable, con un buen arranque salpicada de momentos bastante ridículos, pero que por su simplicidad de planteamientos y su tono ligero no deja de ser una buena propuesta para la sobremesa de domingo.
el sobrino del padre del chino cudeiro dijo
como dijo Azaña: !DALES CAÑA!
15 Mayo 2006 | 12:23